Sí, yo también he visto más de un meme sobre el invento para quitar el reggaeton del vecino que te taladra. Y hay tantas cosas en el anuncio barra noticia que he visto compartida por toda red social que me parecen erróneas que no sé ni por dónde empezar.
Lo primero, creo que hay una falta de respeto a la libertad de los demás que se nos ha ido de las manos. Ir en un vagón de metro no debería ser sinónimo de ir escuchando ni tu música, ni una serie random ni tu video llamada de turno, estar en tu casa y escuchar el retumbar de unos altavoces de cualquier música, a cualquier hora del día, también es una falta de respeto. Sí, todos tenemos el derecho de vivir nuestra libertad como queramos, también respetar la libertad de los demás a vivir como ellos quieran.
Mientras que esto es un tema filosófico y social que puede parecer a simple vista que dista de una temática musical, (grandes) inventos como el de Toni Bandini hace que tenga un hueco en esta columna de opinión. El invento de Bandini no debería tener hueco en una sociedad respetuosa que mira por los derechos sociales de los demás y que es respetuosa con sus semejantes.
Pero es cierto que no hay respeto social, da la impresión con ciertas actitudes generales que ya no somos capaces de mirar por los demás, sólo por nuestros propios intereses, incluso con un nivel de honestidad disfrazado de egoísmo y faltas de respeto preocupante. Lo único que veo en este caso es a una persona con un talento que sale de la norma se ha visto obligado a diseñar un aparto que hackea los altavoces bluetooth para que interfiera la señal y la haga casi inescuchable con cortes en el audio. Como aparato para hacer una broma puntual me parece que es uno de los mejores aparatos para los que trabajamos de alguna manera en la música. Pero como amante de la música me niego a que se defienda este tipo de aparatos.
¿Por qué?
Por la segunda razón de la existencia de esta columna de opinión, nadie debería tener una animadversión a cierto tipo de música que le haga pensar que tiene el derecho de prohibir la escucha o el disfrute de dicho género.
¿Estoy defendiendo al reggaeton? No, y nadie debería tener que defender un estilo musical.
Defiendo la libertad, y más aún la libertad musical, pero la libertad en todo su contexto, libertad para disfrutar de mis aficiones sin que éstas te molesten a ti.
Que un aparato que elimina directamente un estilo de música tenga el éxito que ha tenido en redes sociales, me parece que es un reflejo de una sociedad que no se respeta. Ni el inventor debería hacer inventos de este tipo, pero tampoco tendría que tener vecinos que le atormenten con música, sea o no de sus mismos gustos.
Lo gracioso de esto, es que yo he vivido, al igual que muchos que han compartido la noticia, discriminación por escuchar ciertos géneros musicales. Lo irónico de esta situación es que la discriminación musical, en realidad, refleja una falta más profunda de empatía y comprensión cultural en nuestra sociedad. La música, en todas sus formas, es una expresión del alma humana, un reflejo de las experiencias vividas, las emociones sentidas y los sueños que nos creamos al disfrutar de la música en general. El reggaetón, como cualquier otro género musical, es una manifestación cultural que merece ser apreciada por su contribución a la diversidad musical, pero que, todo el mundo tiene el derecho a no escucharlo o no compartir los valores, gustos y estilo de vida que puede representar. Y eso, también debe ser respetado.
La música tiene el poder de unir a las personas, de cruzar barreras y de ser un vehículo para la comprensión intercultural. En lugar de crear dispositivos que silencian expresiones musicales, deberíamos enfocarnos en promover la tolerancia y el respeto mutuo. La educación musical y cultural puede desempeñar un papel crucial en este proceso, ayudando a las personas a entender el valor y el significado detrás de géneros musicales que quizás no sean de su preferencia personal.
Defender la libertad musical no solo se trata de proteger nuestro derecho a escuchar y disfrutar de la música que amamos, sino también de respetar el derecho de los demás a hacer lo mismo. Esto no significa que debamos tolerar la invasión de nuestro espacio personal con música a alto volumen, sino buscar un equilibrio donde la libertad de expresión musical y el respeto mutuo coexistan. La solución no está en la supresión de la música que no nos gusta, sino en la promoción de un diálogo abierto y respetuoso sobre nuestras diferencias musicales y culturales en los lugares adecuado para ello.
El desafío está en cómo podemos, como sociedad, cultivar un entorno que valore la diversidad y promueva una coexistencia armónica. Es esencial fomentar espacios donde diferentes géneros musicales y culturas puedan ser explorados y apreciados, no como una fuente de división, sino como una oportunidad para enriquecer nuestra comprensión del mundo.
En conclusión, la existencia de dispositivos diseñados para silenciar expresiones musicales específicas no solo es un reflejo de la animadversión hacia un género musical, sino también de un problema más amplio de intolerancia y falta de empatía. Al defender la libertad musical, estamos abogando por un mundo más inclusivo y respetuoso, donde la música sigue siendo un puente entre corazones y culturas, no un motivo de división.
Así, frente a la tentación de censurar o silenciar géneros musicales que no nos identificamos, deberíamos preguntarnos qué dice esto sobre nuestra capacidad de convivencia y tolerancia. En un mundo cada vez más conectado, pero a la vez polarizado, la música debería ser un terreno común, no un vector de discusiones o odios. Debemos recordar que nosotros podemos escuchar ciertos estilos musicales que pueden ser desagradables para el resto.
Por ello, en lugar de buscar formas de eliminar lo que no comprendemos o apreciamos, deberíamos esforzarnos por expandir nuestros horizontes musicales. La curiosidad, el aprendizaje y el intercambio cultural pueden transformar el «ruido» en melodía, la indiferencia en aprecio.
Invito a cada persona que lea esta columna a realizar un pequeño ejercicio: la próxima vez que escuches un género musical que no te gusta, intenta encontrar un elemento, sea una letra, un ritmo o una historia detrás de la canción, que puedas valorar. Este simple acto de apertura puede ser el primer paso hacia la construcción de puentes en lugar de muros, promoviendo un diálogo más rico y empático en nuestra sociedad.
Por último, no debemos tampoco, utilizar el respeto para imponer nuestros gustos. La libertad reside en respetar y ser respetado.