Llevo mucho tiempo inmerso en una inquietud persistente, tratando de comprender por mí mismo desde un enfoque filosófico la esencia de la articulación musical, cómo esta está relacionada con la interpretación emocional. Recuerdo haberme topado con una idea interesante planteada por Jackendoff en su obra Semantic Structures de 1990, sugiere que, la recepción emocional de las piezas musicales se renueva con cada escucha, ya que gran parte de este proceso ocurre en un nivel inconsciente, al cual no tenemos acceso.
Al referirme a la recepción emocional musical, me refiero a esa habilidad que poseemos para escuchar, analizar, interpretar y recibir toda la carga emocional que encierra cada composición. Jackendoff propone esta hipótesis como una respuesta a ciertas teorías que sugieren que, tras escuchar una pieza musical por tercera vez, nuestro cerebro es incapaz de mantener la expectativa emocional que inicialmente genera, pues esta ya ha sido superada o satisfecha (como menciona Meyer en Emotion and Meaning in Music). Personalmente, creo que la clave de esta experiencia radica en esa parte inconsciente mencionada por Jackendoff, un plano donde se interpretan todas las características musicales y se nos transmite esa información.
Haciendo una simplificación básica, puedo equipararlo con la misma sensación que tenemos al andar solos por la noche por un parque, el movimiento de un animal que no nos esperamos hace que todo nuestro sistema límbico reaccione viviendo un torrente de adrenalina que nos pone en alerta, y por muchas veces que pasemos por un parque oscuro y veamos algo moverse, siempre vamos a reaccionar de la misma manera.
Para ilustrar este concepto de manera más accesible y relacionada con nuestro día a día podríamos considerar cómo reaccionamos ante mensajes recurrentes con contextos opuestos. Si repetimos constantemente palabras positivas a alguien, es bastante probable que esa persona se acostumbre a ellas, aún así siempre y cuando estos mensajes se emitan en un contexto coherente y no contradictorio, su impacto seguirá siendo positivo. Pero, y si los mensajes tienen contextos opuestos, ¿cuál es la reacción?, será cuanto menos contradictoria, y esto es lo que nos ocurre con la música.
Una letra de amor con un ritmo rápido y notas disonantes, no será agradable para el oído, aunque la letra sea digna de un poema de cualquier escritor de La Generación del 27.
Aquí viene mi reflexión final, aunque pueda ser complejo de entender la música es un lenguaje que puede ser apreciado y comprendido por todos, independientemente de si se ha estudiado o no, todo el mundo puede interpretarla pero no componerla. Entiendo que para muchos detractores de ciertos géneros musicales, los cuales están siempre influenciados por otras características como condicionantes sociales, pertenencia a movimientos sociales o políticos o simplemente fuera de un rango de edad, no es suficiente para no aceptar la capacidad emocional de la música popular, en todo caso, se reforzaría esta capacidad ya que la música y su articulación está destinada a un público, por así decirlo, y aún siendo complejo debido a su naturaleza, la música es un lenguaje, como ya he dicho, que su creación está destinado a aquellos que han estudiado las normas y características de su lenguaje, pero no la interpretación que sí es entendida y descifrada por todos.