En esta entrada y las siguientes, exploraré la esencia de mi investigación. Es vital entender que lo que propongo está en constante evolución; la forma final es una propuesta abierta al debate y con una perspectiva personal.
Mi investigación inicial se centró en la música de baile, específicamente en la música mainstream. Sin embargo, esta aproximación podría carecer de sentido fuera del contexto de ser «pinchada» o mezclada por un DJ.
¿A qué me refiero con «carecer de sentido»? Es esencial entender la estructura, el fraseo de una canción, para que pueda ser mezclada adecuadamente con otra. Existen diversas técnicas y estilos de mezcla, y según el DJ, pueden involucrar extensas fusiones en vivo o transiciones más sutiles. Mi propuesta de «forma final» surge de la interacción entre dos otras estructuras: la forma creadora y la forma motívica.
A grandes rasgos, las formas motívicas engloban lo que conocemos como fraseo, rondas, estrofas, estribillos, etc. En música electrónica, por ejemplo, hay segmentos llamados «paradas» o «subidas». Cada parte cumple un objetivo específico en la construcción de la forma final.
Tomemos, por ejemplo, una estructura típica en música pop: estrofa, estribillo, estrofa, estribillo (forma ABABAB). Aunque estas secciones pueden ser denominadas de diferentes maneras según el género o el contexto, todas trabajan conjuntamente para conformar la forma final.
Mi propósito al introducir el concepto de «forma final» es justificar y comprender las funciones que desempeñan las formas motívicas. Mientras que en la música clásica existen estructuras definidas como la sinfonía o el concierto, la música mainstream también sigue patrones estructurales. En la música comercial, encontramos múltiples estructuras, similares a las de la música clásica. Estas estructuras sirven como moldes para los compositores, pero no siempre se adhieren estrictamente a ellas.
Pensemos en los años 70, 80 y 90, cuando la música popular presentaba múltiples estrofas antes de llegar al estribillo. Sin embargo, hay excepciones notables, como «Bohemian Rhapsody» de Queen o «Tubular Bells» de Mike Oldfield. Ambas piezas, aunque destinadas al consumo masivo, presentan estructuras más cercanas a la música clásica.
Estas piezas evidencian que, aunque en determinados contextos la forma final pueda parecer menos relevante, comprenderla en el ámbito de la música comercial es crucial para mi investigación. No sólo es esencial para los DJs que mezclan canciones en pistas de baile, sino también para entender cómo y dónde se generan las emociones en la música.
Por ejemplo, en la música pop binaria (ABABAB), la estrofa (A) a menudo prepara al oyente para el estribillo (B), donde suele producirse un crescendo emocional.
En resumen, aunque la «forma final» no sea el elemento más crucial al tratar las emociones, establecerla como concepto es esencial para comprender las funciones de las otras estructuras musicales.